Quizás el título del post os suene extraño...
Se debe a que durante mi viaje de fin de carrera por Praga, Viena y Budapest, no pude resistir a dejar una pequeña huella tobarreña. Fue en la Sinagoga de Budapest:
En el libro de firmas del templo ya figura mi firma, acompañada de un "¡Viva Tobarra!".
Uno, que no puede evitar llevar a su pueblo adonde vaya, jeje.
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